2 de Mayo: UNA NACIÓN INDEPENDIENTE



204 años después del levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas del ejercito invasor de Napoleón, fueron cientos los madrileños que riendieron homenaje a los héroes patriotas caidos el 2 y 3 de mayo de 1808.

Sin ninguna organización convocante, casi un centenar de jóvenes entre los que nos encontrábamos militantes de Juventud Nacional, nos dimos cita en el cementerio de la Florida donde 3 de mayo caían fusilados los detenidos que el día anterior se habían levantado contra los invasores.


  
El 2 de mayo de 1808 el pueblo madrileño se levantó contra el ejército napoleónico que ocupaba la Villa y casi todo el país mientras la clase gobernante, entonces poderosa Iglesia y el ejército español se ponía, literalmente, a disposición del enemigo.

Nuestros antepasados reaccionaron violentamente como única manera de autodefensa ante un ejército invasor, prepotente y ladrón. Lucharon con las escasas armas a su alcance para defender su honor en nombre de toda la nación. Y muchos cientos murieron por ello. ¡Qué tiempos aquellos en que los españoles se alzaban contra la injusticia!

Hagamos memoria: Después de obligar a nuestro servil gobierno a entrar en guerra contra Inglaterra (lo que nos costó perder gran parte de nuestra Armada en Trafalgar), Napoleón había invadido las principales ciudades del Norte de España con métodos torticeros (la excusa fue la invasión de Portugal). Los gobernantes españoles, conscientes de la inferioridad de nuestro ejército, se limitaron a facilitar las cosas al invasor. El Príncipe de Asturias (Fernando, luego coronado como VII de su nombre) aprovecha el descontento popular para dar un golpe de Estado contra su padre (el rey Carlos IV –al que obliga a abdicar-) y su valido, el odiado Godoy. En esas llegan los franceses a Madrid haciendo creer que en ayuda del Príncipe (la gran esperanza de los españoles), mandan a los reyes a Francia y, poco después y mediante burdo engaño, al mismo Fernando VII.


Monumento con la llama eterna a los mártires caídos por España en el Paseo de Recoletos, Madrid
La estancia de los franceses se hacía larga y onerosa (vivían a costa de los arruinados ayuntamientos), por si esto fuese poco, su comportamiento provocador se ganaba el odio de los españoles. Grupos de patriotas preparaban un levantamiento y este se produjo espontáneamente en la mañana del 2 de mayo cuando un grupo de vecinos impide la partida del Infante Francisco de Paula (único miembro de la familia real que quedaba en España). Las tropas francesas no dudaron en abrir fuego contra los revoltosos causando las primeras muertes del día. Y lo que en otros lugares habría conseguido provocar el miedo y la sumisión, en Madrid desató la ira de los vecinos que comenzaron la caza del gabacho por toda la Villa. Cuando el general Murat se enteró de la noticia mandó a todas sus tropas a tomar la ciudad (las unidades francesas, compuestas por unos 36.000 hombres, estaban acuarteladas estratégicamente en los alrededores: Chamartín, El Retiro, Carabanchel). Los madrileños (en realidad gentes de todos los rincones de España y del Imperio –americanos, napolitanos-, como se puede comprobar en las listas de caídos) intentaron evitar la entrada de estos refuerzos, a pesar de derramar generosos su sangre no lograron impedirlo ante lucha tan desigual. Los supervivientes se agolparon entonces a las puertas de los acuartelamientos de tropas españolas, puertas que permanecieron cobardemente cerradas. Salvo una excepción: el Parque de Artillería de Monteleón; un militar, el capitán Pedro Velarde, desobedeció abiertamente las órdenes de sus superiores, se presentó en el parque y, junto al capitán Luis Daoiz y sus hombres, rindió a la unidad francesa que controlaba el cuartel. Armaron al pueblo, organizaron la defensa y esperaron la llegada de los franceses. En las calles del actual barrio de Malasaña (que toma el apellido de una de las caídas aquel día) perdieron la vida cerca de quinientos franceses y los españoles lucharon hasta que no les quedaron fuerzas ni munición.

En la tarde de aquel 2 de mayo la rebelión ya había sido totalmente sofocada y las tropas francesas se esforzaban en hacer registros y apresar sospechosos, esa noche fueron fusilados cientos de héroes en distintos puntos de las afueras.

Francisco de Goya nos dejó imágenes tanto de la lucha en la Puerta del Sol como de aquellos fusilamientos de madrugada.

Pero ese día se había encendido ya la mecha de lo que acabó siendo una guerra total por la Independencia donde el ejército napoleónico sufrió su primera derrota (Bailén) y acabó siendo expulsado del país.
Ya casi nadie se acuerda de aquellos mártires, de aquellos patriotas que dieron su vida por España. Probablemente porque no interesa que se saquen paralelismos con lo sucedido aquellos días, porque nadie duda que hemos sufrido otra invasión (silenciosa, sin cañones ni bayonetas, llamémosla “mundialización”), que nuestro poder político está en manos extranjeras que no miran precisamente por nuestros intereses, que nuestra traidora clase política sigue estando de parte del enemigo y que nuestra familia real sigue dando un espectáculo tan lamentable como la que dieron entonces sus antepasados.


Aquel 2 de mayo de 1808 fue el pueblo el que se levantó. Por lo menos, mantengamos vivo su espíritu y su recuerdo.



Una réplica del cuadro de "los fusilamientos del 3 de mayo" (Goya) a la entrada del cementerio de la Florida, rindiendo homenaje al valor y heroismo del pueblo español durante la Guerra de la Independencia




HONOR Y GLORIA a los heroes españoles